miércoles, 23 de marzo de 2011

¿Cuándo nos comenzamos a olvidar de algunas cosas buenas?

¿Cuándo nos comenzamos a olvidar de algunas cosas buenas?
    En los últimos años se viene escuchando como el pueblo peruano ha ido cambiando a pasos grandes, pero no todos esos cambios han sido para bien,  es solo escuchar a las personas que en la actualidad pasan de los 35 años, de cómo algunas virtudes llámese respeto, cortesía, solidaridad, confianza, y otros, que en sus tiempos de niñez y adolescencia eran enseñados con tesón y si era necesario hasta con golpe, hoy en día han sido sobrepasados por  sus antagónicos; por ejemplo, las groserías, la indiferencia ante el que sufre, la descortesía, la falta de sencillez; hoy son muchos los niños que no saben lo que es saludar cuando entran a algún lugar donde hay personas mayores, mujeres gestantes o ancianas como también ancianos que cuando van en un bus público de pie, no encuentran personas que les ceda su asiento.  La prepotencia de aquellos que se creen con derecho a todo y sin ninguna clase de deber para con algo o alguien. Cada día la sencillez es superada por la ostentosidad, queriendo mostrar a los demás  lo que no se es, realidad que se da en todos los estratos sociales. En los colegios hay menos posibilidad de que los niños y adolescentes tengan una verdadera educación integral que abarque todo lo que es la persona, y aunque se diga que se está modernizando el sector educativo, pues lo triste es que en lo más importante, para la realización del educando, nada se está haciendo, y aunque en las diferentes ciencias existe un avance, cuando no se educa desde los principios ético y morales, todo lo aprendido se puede convertir en un arma de doble filo; es solo revisar la historia de aquellos a quienes se le imputan algunos desastres de la humanidad, ellos han sido buenos estrategas, sobresalientes en sus estudios, de excelente inteligencia, sin embargo causantes de muchas muertes, gigantescos robos, como también manipulaciones que a través de sus conocimientos, de su astucia e interés mezquino han llevado a pueblos a la desgracia total.
¿Cuándo hemos comenzado a perder estos valores?  Si nos preguntaran en dónde está el origen de tan lamentables pérdidas, ¿cuál sería nuestra repuesta?.  Es cierto que ante el problema es imperativa la búsqueda de la solución, pero esto implica la necesidad de llegar a las raíces del mal, para saber qué la  genero y así saber por dónde encontrar la solución. Esto es un  deber de todos, pero dentro de todos hay quienes tienen mayor responsabilidad que otros.  Yo como sacerdote me preguntaría: “¿Cómo voy en mi deber de ser un servidor de la Iglesia?, ¿cómo vivo esa sencillez y esa humildad que debe caracterizar  a un ministro Ordenado? ¿qué tan tolerante y fraterno soy con la feligresía que se me ha encomendado? ¿cuánto huyo de las obras de caridad que como clérigo estoy llamado a ejercer?, ¿qué tan buen amigo soy de mis hermanos sacerdotes? ¿hasta qué punto pueda yo querer presentar un Dios humilde, sencillo, tolerante, desprendido, cariñoso, incluyente si ni estoy preocupado por hacerlo realidad en mi propia vida? el poder que Dios me ha dado para ser un buen pastor, ¿se habrá convertido en un instrumento para satisfacer mis deseos de hacer sentir a los demás que soy yo el que mando y que sabiéndolo no hago nada por evitarlo?  ¿seremos todos los que tenemos la misión de velar por el pueblo de Dios desde  el lugar donde nos corresponda, capases de enfrentar esta realidad en nuestras vidas?”
En nuestro pueblo hay incontables bondades, pero lamentablemente las que más llaman la atención son las pocas malas cosas y  algunas de ellas son vistas de buen gusto pues causan placeres materiales pero también momentáneos, y aunque la cantidad de personas que luchan porque se mantengan los valores son cada día menos, la esperanza en Dios nos da la fortaleza para seguir luchando y que estos valores se revigoricen no solo en nuestros niños y jóvenes, sino también y sobre todo, en la mayoría de los adultos quienes son más difíciles de educar en los valores y en las diferentes ciencias, cuando ya se acostumbraron a lo más fácil, cuando piensan que por todo lo vivido ya no tienen más que aprender, o cuando ponen como disculpa la ya cercanía de su muerte y que por lo tanto sería una pérdida de tiempo.
La educación en todas las áreas del obrar humano es la clave, educarnos en el hogar, en los diferentes centros de estudios, educarnos en las calles, educarnos en la Iglesia; mientras que no haya seria reflexión al respecto y una plena decisión de poner manos a las obras, todo terminará, como casi siempre, en solo buenas intenciones.  Educarnos permanentemente en todas esas cosas buenas: Cortesía, tolerancia, sencilles, etc,  para el bien educar,  que se están perdiendo y que urge salvar.  Amar, es la clave de todo buen obrar,  es una necesidad y deber de todos,  es vivir ejerciendo los valores que se pregona por el bien de los demás y de uno mismo; pero la fríaldad conque hoy se miran las cosas, y la necesidad, justificadas o no, de muchas de ellas , hacen que antes del bien común se busque el particular y se haga sin importar nada. Quien busca el verdadero bienestar, buscará necesariamente el bienestar común.
                                                                                                                                                             P. Juan Carlos Sáenz Vargas

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